9 libros que no leí hasta los 18 (o más tarde)

Esta semana se conmemora el Día Mundial del Libro, una festividad que todos los años provoca en mí sentimientos encontrados. Amo los libros desde pequeña (mis padres me llamaban Matilda, y de hecho vi esa película mil veces, a un ritmo de siete veces por semana desde los 3 hasta los 8 años), pero conforme he ido creciendo y haciéndome más consciente de lo que me rodea, he podido comprobar que a menudo, el “gremio” de amantes de los libros peca de elitista, melindroso y hasta irracional. La cultura pertenece a todo el mundo, ¿verdad?, por lo que no deberíamos tener prejuicios sobre cómo cada persona la acoge en su vida. Sin embargo, los hay y muchos, y seguramente los que siguen te sonarán:

  • Que te guste leer y lo hagas de forma consistente es imprescindible para que se te considere persona de bien. (No debería ser así. Tenemos que asumir que hay personas a las que no les gusta leer, no pueden/no saben hacerlo o no lo hacen de la misma forma que otr@s, por las razones que sean y no por eso merecen menos respeto, sino alguien que les facilite el acceso a la lectura sin ningún tipo de prejuicio o condescendencia, siempre y cuando muestren interés).
  • Si no te gusta leer, o no lees los libros que la “autoridad” dicta como adecuados (la encarnación por excelencia de la “autoridad” es un señor con barba que estudió una carrera de letras en una universidad privada de los 7o, al que le aterroriza que la dinámica cultural cambie y, no queriendo que nadie le arrebate su puesto de prestigio, se pilla unos berrinches monumentales cuando recibe críticas; pero por alguna razón, la gente todavía comparte sus artículos con reverencia, como si su palabra fuera ley), eres ignorante, poco inteligente y no mereces respeto. (Por desgracia, el mundo de la cultura está plagado de personas que piensan de esta manera. Yo no creo en endiosar o deshumanizar a nadie, ni siquiera juzgando por el tipo de entretenimiento que consume; y lo cierto que todos estos señores catedráticos con barba tan mandones me caen mal, en concreto uno muy conocido que tiene un apellido compuesto y escribe ficción histórica).
  • La inteligencia, valía como persona, número de libros “respetables” leídos y “buena” ortografía son parámetros interconectados (¿Por dónde empiezo? Como lingüista, esta obsesión con la ortografía me da muchísima pereza. Si recordáramos que es el producto arbitrario de antiguos conflictos geopolíticos, no le daríamos tanta importancia. Y usarla como unidad de medida de la inteligencia e integridad de una persona ya me parece un pasote).
  • Y, finalmente, uno de los que más me cabrean y el que he decidido utilizar como base para este artículo: por lo visto, si para la edad de sacarte el carné de conducir no te has leído ningún clásico o ningún libro voluminoso y más o menos conocido, no tienes cultura literaria, has perdido el tiempo y eres símbolo de todo lo malo que tiene este país, o algo así. También conocido como “¿¡CÓMO QUE NUNCA TE HAS LEÍDO (inserte clásico de la literatura universal aquí)!?”.

Estos mensajes son, precisamente, lo que entre otras cosas desaniman a tantas personas (sobre todo jóvenes) que quizá quieren iniciarse en la literatura porque no lo pudieron hacer antes, o desean aprender más sobre ella pese a que tienen un estilo de vida incompatible con la lectura intensiva, pero que al intentar ponerse al día se topan con un muro de incomprensión, prejuicios y ranciedad. Como si esto no bastara, también se encuentran con que lo que consideramos clásicos son libros muy buenos e importantes, sí, pero que pueden convertirse en un peñazo con mucha facilidad y no cuentan historias con las que una persona de su edad y su siglo pueda identificarse (vale que le recomiendes Emma o incluso El lazarillo de Tormes a alguien de 16 años, porque son obras amenas y legibles, pero ¿El Cantar de Mio Cid?). Esto les dificulta aún más encontrar obras que les puedan gustar y al final, como es comprensible, acaban dejándolo. Y encima tenemos el valor de quejarnos de que la juventud no lee lo suficiente (aunque ya os digo que a mí esto me parece un tópico que se repite todas las generaciones desde la era Mesopotámica más o menos: la generación que nos sigue siempre nos parece peor que la nuestra).

Si tú eres una de estas personas, o si no encuentras dificultades para participar en el mundo literario pero te molestan estos prejuicios como a mí, te diré que la literatura no es una competición, sino algo que debes disfrutar a tu manera y siguiendo el ritmo que te sea más cómodo. ¿Qué más da si tienes 18, 20, 50 años y aún no has leído nada de García Márquez o de Coelho? A mí estos dos autores me aburren soberanamente y nunca he terminado ninguna de sus obras —en el caso de Coelho, ni las he empezado—, pero en cambio empecé a leer a Kafka con 8 años, aunque no leí nada de Cervantes (que no fuera por obligación) hasta los 16. Y las obras que de verdad me apasionan, esas que siempre serán parte de mí, no las descubrí hasta después de empezar la universidad. ¡Y las que me quedan por descubrir! Así que si te parece bien, hoy te traigo una serie de libros (unos más conocidos, otros menos) que no leí hasta los 18 o más adelante y que te recomiendo para este Día del Libro, porque a mí me encantaron. Espero que te gusten, y no le hagas caso a todos esos señores literatos con barba que te miran por encima del hombro.

1. Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin

dispossessedLos desposeídos es perfecta para gente a la que le gusta la ciencia ficción y que tiene un poco de cuerda leyendo. Por desgracia, la mayoría de listas de clásicos del género pasan por alto esta novela utópica, pero en mi opinión es muy recomendable. Trata sobre dos planetas en los que viven dos sociedades completamente distintas y en conflicto: una, Anarres, es una anarquía pacífica en la que, por ejemplo, no existe el concepto de propiedad y todo se comparte; la otra, Urras, tiene un sistema más parecido al nuestro en el que la competitividad prima sobre la armonía. Una vez que le pillas el tranquillo a todos los nombres y al estilo meticuloso de Le Guin, es una novela apasionante que engancha enseguida, sobre todo si tienes inquietudes políticas.

2. Matar a un ruiseñor, de Harper Lee51a6rmaqknl-_sx309_bo1204203200_

Matar a un ruiseñor es una de esas obras que mucha gente no querría que un/a menor de edad leyera ya que toca temas bastante duros. Yo opino que cuanto antes nos familiaricemos con las injusticias que han ocurrido y ocurren en el mundo, mejor, y esta novela es una forma excelente de hacerlo. Si has visto la película (¡si no la has visto y te gusta el cine en blanco y negro, apúntatela!), sabrás que trata sobre la segregación racial en Estados Unidos durante los años 30 y en concreto, relata la condena injusta de un hombre negro en una ciudad del sur y su relación con el abogado que le defiende, pero este no es el único tema de la novela; Lee también retrata aspectos de la familia, la cultura sureña, las amistades en la infancia, la ética en la abogacía y mucho más, en un estilo brillante y colorido en el que siempre merece la pena sumergirse.

3. A la sombra del granado, de Tariq Ali

9788420653174Vale, esta es un poco trampa porque sí me la leí antes de ser adulta, concretamente en primero de Bachillerato. Pero es una novela tan interesante y bien escrita que tengo que recomendarla, sobre todo a quien le interese la ficción histórica. Trata sobre una familia musulmana que habita en la España del siglo XV, cuando los Reyes Católicos dictaminaron la expulsión y el asesinato en masa de todas las familias judías y musulmanas que habitaran la Península y se negaran a convertirse al cristianismo. Tariq Ali es uno de mis escritores favoritos y su forma de describir lugares, personas, costumbres y paisajes es única, tanto que casi tendrás la sensación de que te has transportado a la Granada árabe y estás presenciándolo todo en vivo y en directo.

4. El señor de las moscas, de William Golding51rbbnmi3ol-_sx323_bo1204203200_

Una de las novelas cortas más leídas del mundo y con razón. Ya conocía el argumento antes de leerla por primera vez y pensaba que, al ser los protagonistas niños ingleses de primaria perdidos en una isla desierta, sería bastante inocente y simplona, pero nada más lejos; es uno de los libros más violentos (de forma tanto gráfica como emocional) y complejos que he leído nunca. El argumento sigue la pugna por sobrevivir de un grupo de preadolescentes después de que el avión en el que viajaban se estrellara en una isla del Pacífico. Se tratan aspectos de la naturaleza humana como el impulso por crear reglas y acatarlas para vivir en paz, comunidad versus individualismo, el pensamiento racional versus el irracional… Es muy fácil de leer, te enganchará antes de que te des cuenta y solo tiene 256 páginas.

the_hunger_games_cover5. Trilogía de Los juegos del hambre, de Suzanne Collins

Este es uno de los ejemplos en los que me doy permiso para recurrir al (insulso) topicazo cultureta de “léete primero el libro y después ve la película”; no por nada, sino porque en mi opinión te ayudará a disfrutarla mejor. Un futuro distópico en el que la brecha entre riqueza y pobreza es abismal y una chica y un chico de cada distrito pobre, Katniss y Peeta, se ven obligados a participar en unos juegos televisados donde deberán luchar a muerte contra el resto de contrincantes por riquezas y alimentos para sus familias. Un argumento muy premonitorio.

6. Desde mi cielo (The Lovely Bones), de Alice SeboldPrint

Otra novela corta que consigue abordar un argumento truculento (el secuestro y asesinato de una niña por parte de un vecino) de la forma más tierna y desgarradora. Después de ser asesinada, Susie entra en una dimensión paralela, un cielo particular desde el que puede observar a su familia, amistades y el chico que le gusta; e intenta dar pistas a su padre y su hermana, que no han renunciado a descubrir quién la mató, sobre la ubicación de sus huesos y la identidad de su asesino. Para que veáis cuán inútil es el tópico, fue precisamente la película la que me impulsó a leer el libro y ahora es una de esas novelas que releo cuando no tengo nada nuevo que leer, simplemente por el placer de repasarla. De nuevo, un estilo simple con un vocabulario muy visual que te ayudará a meterte de lleno en la historia.

7. Cementerio de animales, de Stephen King

29845633Sí, lo confieso. Soy la persona más fan de Stephen King que os podáis imaginar. Llevo leyendo sus novelas y relatos desde los 9 años, tengo toda su colección e incluso he tenido el placer de verle y oírle hablar en persona. Pero no fue hasta los 18 que decidí leer Cementerio de animales por primera vez, y ahora es mi historia de terror favorita, simple y llanamente. Si no la conoces, el argumento versa sobre una familia que poco después de mudarse a un pequeño pueblecito cerca del bosque empieza a experimentar sucesos extraños, sobre todo después de que sus vecinos les lleven a ver un cementerio de mascotas a pocos kilómetros de su casa… y luego todo se vuelve mucho más oscuro y sangriento. No te la pierdas si te gusta la novela de terror, y su versión cinematográfica tampoco.

8. El cuento de la criada, de Margaret Atwoodhandmaids

¡Más distopías!, pero es que las distopías, aunque peligrosas en las manos no adecuadas, son de esos géneros que se hacen más importantes conforme el curso de la historia avanza y cambia. Si has visto Mad Max: Furia en la carretera el argumento de este clásico de la autora estadounidense te sonará, al menos en parte: un gobierno totalitario y teocrático-militar en aparencia gobernado por mujeres, pero nada más lejos de la realidad: los dirigentes masculinos manipulan a las mujeres para sus propósitos y a algunas, las Criadas (vestidas con túnicas rojas), las utilizan exclusivamente para la reproducción. Quizá el estilo es un poco denso para principiantes, pero si ya has leído algo de ciencia ficción adulta con anterioridad no tendrás dificultad en avanzar en la lectura.

9. Chavs: la demonización de la 9788494027970clase obrera (Owen Jones)

He tenido serias dudas sobre si debía incluir este ensayo del joven escritor británico porque es bastante más complejo de leer que el resto de obras que he puesto en la lista y requiere saber un poquito de política, o paciencia para investigar las palabras o los hechos que no conozcas. Finalmente, lo he incluido porque desearía haber aprendido lo que Owen Jones quiere transmitir en él cuando aún era adolescente, ya que habría cambiado mi forma de ver las cosas y me habría dado tantísimas herramientas de cara al futuro. Además, como ya decía en la minisinopsis de Matar a un ruiseñor, la mayoría de jóvenes tiene muchísima más capacidad para entender temas espinosos como la política, la discriminación, la injusticia… de lo que solemos, o queremos admitir. En este ensayo, Jones habla de cómo la sociedad británica ridiculiza continuamente a las personas de clase baja, sin formación, que viven en barrios pobres y que reciben el nombre de chavs (algo parecido a lo que aquí llamaríamos “canis” o “barriobajeros”). En la mayoría de países, no solo en el Reino Unido, se promueve el odio hacia este sector de la población para no tener que hablar de la marginación, a todos los niveles, de la que son víctimas. Que no te intimide el vocabulario político que utiliza Jones, si le dedicas tiempo te familiarizarás con él, y te aseguro que todo lo que aprendas con este libro te hará mucha falta en el futuro.

¡Feliz día del Libro! No te deseo que los libros con los que te topes este año te traigan felicidad, sino que te provoquen las emociones que más necesites en cada momento. Que te llenen por completo para que no haya sitio para la apatía, ese mal tan peligroso. Y que cuando los acabes, que sientas cómo se depositan en ti y dejan su impronta, como una huella mágica e invisible.

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